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Como hacer cerveza y no morir en el intento.

Imaginaros viviendo en una isla remota, donde casi toda la materia prima viene de fuera, donde todo tiene que llegar en barco y el abastecimiento a veces es escaso, ¿aún así os animarías a hacer cerveza?



 

Vivimos en el lugar donde todos los productos básicos como el agua y la comida sufren un incremento brutal en su precio final debido a la doble insularidad: todo lo que viene de la península se transporta primero a Ibiza y luego se trae a nuestra isla, lo que conlleva unos portes significativos. De la misma manera, los precios de los alquileres de locales comerciales son bastante elevados. La demanda por locales es alta y se trata de una isla pequeña, con una oferta reducida, lo que explica dichos precios.

Ahora imaginaros que queréis hacer cerveza teniendo que traer todos los ingredientes de fuera: agua potable, malta, lúpulo y levadura, ¿no parece el mejor sitio para ello verdad? Pese a todos estos impedimentos y limitaciones, nosotros empezamos a hacer cerveza en Formentera como homebrewers en 2016, no porque fuese rentable, sino porque era nuestra pasión.

¿Qué hicimos nosotros?

Lo primero fue comprar ollas, fermentadores, accesorios y los ingredientes para su elaboración. Conseguimos ese primer equipo en una tienda llamada Cervezas del Mundo, en San Sebastián de Los Reyes. Empezamos cocinando recetas en una olla eléctrica de 25 litros, con la que pasábamos entre 8 y 10 horas cocinando para sacar 15 -18 litros finales.

La primera temporada hicimos unos 120 litros repartidos entre 6 recetas: una blond, una Bélgian blond, una Bélgian extra hop, una amber strong, una witbier y una ipa.  Una vez llegado el verano, se acabaron enseguida. Al año siguiente, decidimos plantar lúpulo y cultivar cebada para hacer nuestra propia malta. Fruto de esa cosecha, salieron las primeras cervezas hechas en Formentera con malta y lúpulo biológico de la isla. Actualmente seguimos cultivando lúpulo. Son plantas sembradas directamente en suelo isleño; sufren más con nuestro clima, lo que hace que la planta no sea tan frondosa como en climas mas fríos, pero a la vez su fruto es más concentrado en resina. Por otro lado, no hemos continuado con la plantación de cebada porque el proceso de malteo casero resultaba demasiadamente laborioso y poco rentable (puedes conocer mejor esta historia pinchando aquí).

Este último año, hemos incorporado a nuestro equipo una olla y un fermentador de 100 litros. Con ello hemos incrementado nuestra producción, cocinando 8 nuevas recetas, entre ellas tres American pale ale diferentes, una Bélgian blond, una Bélgian witbier, una Pale ale, una porter, una stout, sumando un total de unos 360 litros.

Hemos organizado varias catas con nuestras cervezas, acompañándolas de un buen maridaje, unas tapas excelentes que nos prepararon nuestros amigos del bar Flor de Sal.

Este fin de temporada, ya con la cerveza agotada, llegó el momento de comprar maltas y lúpulos para cocinar nuevas recetas. Para no tener que pagar gastos de envío, y aprovechando que teníamos que desplazarnos a la península por otros motivos, nos fuimos en barco a Barcelona y nos llevamos el coche para llenarlo de materia prima. Fueron dos barcos a la ida, dos más a la vuelta, un par de horas de desplazamiento en coche, digamos que unas 18 horas de viaje.

Una vez allí, conocimos a una familia de cerveceros, padre, madre e hijo, todos muy buena gente. Nos enseñaron un mundo de posibilidades, nos sentíamos como niños en una tienda de caramelos: “ohh mira ese filtro para la olla.. y que tal si pillamos unas mangueras para hacer circuito cerrado… ahh entonces necesitaremos una bomba, mira que tal aquella.. termómetro, densímetro de repuesto etc”. Al final nos gastamos casi el doble de lo que pensábamos, pero nos volvimos con el coche lleno. Nos trataron genial abriéndonos las puertas de su fábrica y mostrándonos su equipo y sus instalaciones.

  

Ha sido una buena experiencia y la valoramos más por vivir en un sitio donde no existen esas posibilidades. Poder visitar fábricas, micro cervecerías y tener acceso a probar diferentes tipos de cerveza es una experiencia muy positiva. Si no fuera por Internet y las redes sociales, uno no se enteraría de lo que pasa en el exterior en cuanto a noticias y novedades del mundo brewer.

Ya en casa, y con ingredientes para unas cuantas recetas, seguiremos cocinando, y aunque a veces lo tengamos peor que un surfista en un lago, o que un león en un vegano, seguiremos haciendo cerveza en nuestra isla.

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