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Nuestra Belgian Blond

Para empezar, esta es una cerveza de estilo belga, rubia de color dorado claro, con una capa de espuma blanca y cremosa, es una Ale que a la vista puede parecer una pils, de hecho este es un estilo que fue creado en los años 60 para atraer a los bebedores de lagers europeas, y es una cerveza perfecta para iniciarse en el mundo de las artesanas.



A diferencia de las Lager, una belgian blond es muy diferente y más compleja.

En la nuestra, inicialmente se percibe el sabor a malta muy leve y moderado tomando más protagonismo el sabor a levadura que es característico de las cervezas belgas y de abadía, también tiene un punto cítrico, de cuerpo medio, tiene un amargor muy limpio gracias a la técnica (first wort hopping), que realizamos con lúpulo europeo, su aroma es algo floral, especiado y algo afrutado. Es una cerveza que gusta a los amantes de las cervezas poco amargas. Pero mientras la estás tomando entra suave, no hay que olvidarse de sus 7% de alcohol, que harán acto de presencia al final, ya que tiene igual fuerza que una dubbel.



Esta es la segunda vez que cocinamos una cerveza de este estilo, la primera fue en el año 2016, y fue con esa receta con la que empezamos nuestra aventura como cervezeros. Esa fue una cerveza diferente a esta ya que lo único que comparten ambas es el tipo de levadura que es una levadura belga líquida, por lo demás la primera la hicimos con distintas maltas y lúpulos, a parte de agregar los lúpulos a nuestro antojo sin pensar demasiado el momento y el porqué de cada una de las adiciones.

Íbamos corriendo de un lado a otro como pollos sin cabeza, ya que al ser la primera vez, lo que más nos preocupaba en ese momento era el no pasar por alto ninguno de los pasos, y sobre todo, entre mi compañero y yo había una psicosis compartida por el riesgo de contaminación.

La cocinamos en el garaje y recuerdo ese intenso olor a malta y esa nube de vapor inundando la habitación, pero sobre todo la ilusión e incertidumbre a partes iguales pensado si íbamos a ser capaces lograr convertir aquello en cerveza.

Pasada ya la fermentación abrimos un par de botellas, la cerveza en ese momento llevaba 15 días en botella, desde el primer momento ya me convenció su sabor, tenía un color dorado ambarino precioso, y una espuma blanca cremosa y duradera, lo único que no nos convenció fue su carbonatación, que era mínima, y con eso ya teníamos el debate montado. No tiene gas.. esta aguada..! decía mi compañero.
Pero mira que sabor mmm está tan rica.. dale tiempo aún esta verde, ya con la maduración tal vez coja un poco más.. le decía yo. Pero en el fondo sabía que el tenía razón y que por muy rica que estuviese en realidad le faltaba más carbonatación, y si ya llevaba 15 días en botella ya era poco probable que en ese aspecto fuese a cambiar, así que ya pensando en que ni siquiera la íbamos a ofrecer entre nuestras cervezas, la dejamos madurando durante meses a una temperatura de entre 3 y 6 grados.




Fueron pasando los meses y para nuestra sorpresa, al ofrecerla en algunas catas entre amigos, la cerveza que más gustaba era esa. Y como el buen vino cuanto más tiempo pasaba más rica estaba.
Después de unos 6 meses de maduración ya por el mes de Mayo, la cerveza estaba en su punto más álgido y además ya tenía un punto de carbonatación más que aceptable a parte de un clarificado perfecto gracias a la maduración en frío. Recuerdo la gente llevarse una botella para probarla y al rato volver por más  y con una sonrisa en la cara, la sonrisa también era debida en parte a sus 6,5% de alcohol.

En definitiva no hay que sacar conclusiones antes de tiempo, por lo menos con estilos de cerveza de larga maduración. Y sobre todo siempre hay que tomar apuntes de todo, nosotros no lo hicimos y será muy difícil que podamos repetirla.

Eso es todo, salud y disfrutar del pan líquido.

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